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Mi hija del futuro me pidió que no me casara.

Camila estaba a pocos minutos de casarse cuando recibió un video enviado por una hija que todavía no existía.

La joven solo tenĆ­a una advertencia:

—MamĆ”, si te casas con AdriĆ”n, yo nunca voy a nacer.

CapĆ­tulo 1: La hija que todavĆ­a no existe

Faltaban trece minutos para la boda.

Camila Vega observaba su reflejo en el espejo de la suite del hotel. Había imaginado aquel momento durante años: el vestido blanco, las flores, la música y el hombre que la esperaba frente al altar.

Sin embargo, algo dentro de ella no estaba en paz.

AdriÔn había sido paciente y cariñoso desde la muerte de Samuel. La había ayudado a levantarse cuando perdió al hombre que consideraba el amor de su vida. Después de siete años juntos, casarse con él parecía la decisión correcta.

Entonces su teléfono vibró.

En la pantalla apareció un video sin remitente. La fecha de envío era imposible:

18 de octubre de 2046.

Camila pensó que se trataba de una broma, pero al reproducirlo apareció una joven llorando dentro de una habitación iluminada por pantallas azules.

La muchacha tenƭa los mismos ojos oscuros de Camila y un pequeƱo lunar debajo del ojo izquierdo.

—MamĆ”, por favor, no cierres este video. TĆŗ todavĆ­a no me conoces, pero me llamo Alba… y soy tu hija.

Camila sintió que el aire abandonaba la habitación.

—Si te casas con AdriĆ”n, yo nunca voy a nacer. Ɖl asesinó a mi padre y borró la vida que debimos tener.

La grabación se interrumpió durante unos segundos. Cuando regresó, Alba sostenía una fotografía.

En ella aparecƭa Samuel cargando a una bebƩ envuelta en una manta azul.

Samuel habƭa muerto siete aƱos atrƔs, durante el incendio de un laboratorio. Camila habƭa identificado sus pertenencias y asistido a su funeral. Nunca encontraron un cuerpo completo.

El teléfono cayó sobre el tocador.

Alguien llamó a la puerta.

—¿Camila? —preguntó una voz masculina desde el pasillo.

Ella dejó de respirar.

ConocĆ­a aquella voz.

Caminó lentamente y abrió la puerta.

Samuel estaba frente a ella.

Su cabello y su chaqueta estaban mojados. Tenía la misma barba, la misma cicatriz en la ceja y exactamente el mismo rostro que el día de su desaparición.

No habĆ­a envejecido.

—Camila… —susurró—. Para ti pasaron siete aƱos. Para mĆ­, solamente veinticuatro horas.

Ella retrocedió.

—No puede ser. Samuel murió.

—No morĆ­. AdriĆ”n manipuló el experimento y me envió hasta este dĆ­a.

Camila quiso tocarlo, pero se detuvo.

Podía ser una trampa. Una copia. Una creación de la misma tecnología que había generado el video de Alba.

AdriÔn apareció al final del pasillo. Al ver a Samuel, su sonrisa desapareció.

—Camila, alĆ©jate de Ć©l —ordenó—. Samuel murió hace siete aƱos. Eso que estĆ” frente a ti no es un hombre.

Samuel apretó los puños.

—Dile la verdad.

—¿QuĆ© verdad? —respondió AdriĆ”n—. La mĆ”quina copió tus recuerdos antes de que murieras. Eres una imitación convencida de que es Samuel.

Camila miró a ambos hombres.

—Dime algo que solamente Samuel pudiera saber.

Samuel la observó con tristeza.

—Le pusiste Alba a la hija que soƱƔbamos tener… por tu abuela. Nunca se lo contaste a nadie.

Las piernas de Camila comenzaron a temblar.

AƱos atrƔs, ella y Samuel habƭan hablado de formar una familia. Una noche, bajo el Ɣrbol de su abuela, habƭan elegido aquel nombre.

Alba.

Camila jamÔs volvió a pronunciarlo después de la supuesta muerte de Samuel.

—Yo nunca se lo contĆ© a nadie —dijo—. Samuel… ĀæquĆ© te hicieron?

—AdriĆ”n manipuló el experimento. Me lanzó siete aƱos al futuro para quedarse contigo.

AdriƔn mantuvo la calma.

—Él no viajó en el tiempo. La mĆ”quina copió sus recuerdos antes de que muriera. Precisamente por eso conoce todos sus secretos.

El teléfono volvió a vibrar.

Alba apareció nuevamente. Su imagen estaba llena de interferencias y su rostro comenzaba a desvanecerse.

—MamĆ”, Samuel es real. Pero si AdriĆ”n destruye la mĆ”quina esta noche… yo desaparecerĆ© para siempre.

DetrÔs de Alba comenzó a sonar una alarma.

Antes de que la comunicación terminara, la joven dijo algo mÔs:

—Tienen hasta la medianoche.

La pantalla se apagó.

Eran las doce y siete de la tarde.

Camila tenƭa menos de doce horas para decidir cuƔl de los dos hombres estaba diciendo la verdad.

Y cuƔl estaba dispuesto a destruir el futuro para quedarse con ella.

Capítulo 2: El hombre que regresó

Camila canceló la boda.

No dio explicaciones a los invitados. Se quitó el velo, tomó su teléfono y abandonó el hotel con Samuel.

AdriÔn los siguió.

—Si vas con Ć©l, podrĆ­as morir —le advirtió.

—Si me quedo contigo, puede desaparecer mi hija.

Samuel condujo hasta el antiguo laboratorio donde habƭa ocurrido el incendio. El edificio llevaba siete aƱos abandonado, pero todavƭa pertenecƭa a una empresa controlada por AdriƔn.

Durante el camino explicó lo sucedido.

Samuel y AdriƔn habƭan trabajado juntos en un proyecto capaz de desplazar pequeƱos objetos a travƩs del tiempo. La primera prueba humana debƭa enviar a Samuel veinticuatro horas hacia el futuro.

La noche del experimento, AdriÔn cambió las coordenadas.

En lugar de avanzar un dƭa, Samuel fue enviado siete aƱos.

—Lo Ćŗltimo que recuerdo es entrar en la cĆ”mara —explicó—. Hubo una explosión, todo se volvió blanco y despertĆ© ayer dentro del laboratorio. BusquĆ© la fecha y comprendĆ­ lo que habĆ­a pasado.

—¿Por quĆ© AdriĆ”n harĆ­a algo asĆ­?

Samuel guardó silencio unos segundos.

—Porque estaba enamorado de ti.

Camila pensó en los meses posteriores al accidente. AdriÔn había estado presente en el funeral, en las noches de insomnio y en cada aniversario de la muerte de Samuel.

Lo que parecĆ­a amor podĆ­a haber sido culpa.

Cuando llegaron al laboratorio, las puertas se encontraban abiertas.

—Nos estaba esperando —dijo Samuel.

En el interior todavƭa quedaban cables quemados, monitores rotos y paredes marcadas por el incendio. Sin embargo, en el nivel inferior, la mƔquina continuaba funcionando.

Una luz azul palpitaba dentro de la cƔmara temporal.

Camila sintió vibrar su teléfono.

Alba había enviado una dirección y seis números:

Archivo 317. Código: 1406.

Samuel reconoció el número.

—El catorce de junio fue la noche en que elegimos su nombre.

Encontraron el archivo detrƔs de una pared falsa. Dentro habƭa una unidad de memoria y un pequeƱo reproductor.

Samuel lo encendió.

La grabación mostraba a AdriÔn la noche del accidente. Estaba solo frente al panel de control, modificando las coordenadas del experimento.

Su propia voz quedó registrada:

—No puedo conseguir que Camila deje de amarlo. Pero puedo eliminar el futuro que tienen juntos.

Camila sintió nÔuseas.

AdriÔn apareció detrÔs de ellos.

—Nunca debieron encontrar eso.

—Me robaste siete aƱos —dijo Samuel.

—Te salvĆ© de morir en la explosión.

—TĆŗ provocaste la explosión.

AdriÔn miró a Camila.

—Samuel estaba dispuesto a arriesgar su vida y la de todos por una mĆ”quina inestable. Yo tratĆ© de detenerlo. Cuando comprendĆ­ que no podĆ­a, cambiĆ© el experimento.

—Y despuĆ©s te quedaste conmigo —respondió Camila.

—Te amaba.

—Eso no era amor.

Por primera vez, AdriÔn perdió la calma.

—”Estuviste siete aƱos conmigo! Yo fui quien te levantó cuando Ć©l desapareció. Yo construĆ­ una vida para nosotros.

—Una vida basada en una mentira.

Samuel se acercó al panel central. En una de las pantallas aparecía el registro original del experimento:

Masa desplazada: 82.4 kilogramos.

Destino temporal: +7 aƱos.

Llegada confirmada.

No era una copia.

La mƔquina habƭa transportado fƭsicamente a Samuel.

AdriƔn habƭa mentido.

Camila lo miró con horror.

—SabĆ­as que era Ć©l desde el momento en que lo viste.

AdriÔn no respondió.

En ese instante, las luces cambiaron a rojo.

Una cuenta regresiva apareció sobre la cÔmara:

00:08:00

—¿QuĆ© hiciste? —preguntó Samuel.

—ActivĆ© la purga —contestó AdriĆ”n—. Cuando llegue a cero, la mĆ”quina y todos sus registros serĆ”n destruidos.

El teléfono de Camila volvió a encenderse.

Alba apenas era visible.

—MamĆ”, la mĆ”quina mantiene abierta la conexión entre las dos lĆ­neas temporales. Si la destruye, papĆ” desaparecerÔ… y yo tambiĆ©n.

—¿Cómo puedo detenerlo?

—No puedes detenerlo desde tu tiempo.

Samuel entendió antes que Camila.

—Debemos enviar algo al dĆ­a del accidente.

Alba negó con la cabeza.

—No algo. A alguien.

La mƔquina no podƭa transportar nuevamente un cuerpo sin provocar otra fractura. Pero sƭ podƭa enviar los recuerdos y la conciencia de una persona al pasado.

Camila tendrƭa que regresar siete aƱos y despertar dentro de su cuerpo mƔs joven.

PodrĆ­a impedir el accidente.

TambiƩn perderƭa todo lo ocurrido despuƩs.

Su boda, los mensajes, el regreso de Samuel y la voz de su hija desaparecerĆ­an de su memoria.

La cuenta regresiva continuaba:

00:06:43

Entonces AdriÔn cerró las puertas del laboratorio.

—Nadie va a regresar al pasado —dijo—. Esta historia termina aquĆ­.

CapĆ­tulo 3: El Ćŗltimo mensaje de Alba

Samuel intentó abrir las puertas, pero AdriÔn había bloqueado el sistema.

Camila corrió hacia la cÔmara.

—Dime quĆ© tengo que hacer.

—No —respondió Samuel—. Si regresas, no recordarĆ”s nada de esto.

—Pero tĆŗ estarĆ”s vivo.

—No sabes quĆ© ocurrirĆ” contigo.

—SĆ© lo que ocurrirĆ” si no lo hago. TĆŗ desaparecerĆ”s y Alba nunca nacerĆ”.

AdriƔn se interpuso entre ella y la mƔquina.

—Camila, escucha. Si cambias el pasado, destruirĆ”s todo lo que hemos vivido. Ya no serĆ”s la misma persona.

—La persona que soy ahora existe porque tĆŗ me robaste la verdad.

AdriÔn intentó desconectar el panel, pero Samuel lo detuvo. Ambos cayeron al suelo mientras varias chispas salían de la consola.

La cuenta regresiva marcaba menos de cuatro minutos.

Camila entró en la cÔmara.

En la pantalla de su teléfono apareció Alba por última vez.

Ya no estaba llorando.

SonreĆ­a.

—MamĆ”, este es el Ćŗltimo mensaje que podrĆ© enviarte.

—No quiero olvidarte.

—No tienes que recordarme para volver a ser mi mamĆ”.

Camila apoyó una mano sobre la pantalla.

—¿VolverĆ© a verte?

—Si eliges el mismo amor… sĆ­.

La imagen de Alba comenzó a desaparecer.

—Te quiero, mamĆ”.

—Yo tambiĆ©n te quiero.

La comunicación terminó.

Samuel logró sujetar a AdriÔn mientras Camila introducía la fecha del accidente.

AdriÔn gritó:

—”Si haces esto, todos estos aƱos dejarĆ”n de existir!

Camila lo miró desde el interior de la cÔmara.

—Nunca debieron existir.

Presionó el botón.

Una luz blanca inundó el laboratorio.

Durante un instante, Camila sintió todos sus recuerdos al mismo tiempo: el funeral de Samuel, los años junto a AdriÔn, la boda interrumpida y el rostro de la hija que todavía no había nacido.

Después no sintió nada.

Siete años antes, Camila despertó dentro de su automóvil.

Tenƭa veintiocho aƱos.

El reloj marcaba las seis y doce de la tarde.

La prueba temporal de Samuel comenzarĆ­a en dieciocho minutos.

Camila salió del vehículo y corrió hacia el laboratorio. No comprendía por qué estaba llorando ni por qué tenía un nombre escrito con bolígrafo en la palma de la mano:

ALBA.

Entró en la sala de control justo cuando AdriÔn se acercaba al panel.

—”No lo hagas! —gritó.

Samuel, ya vestido para la prueba, salió de la cÔmara.

—Camila, ĀæquĆ© ocurre?

Ella señaló a AdriÔn.

—Revisa las coordenadas. Ɖl las cambió.

AdriÔn palideció.

Samuel comprobó el sistema. La prueba, programada originalmente para veinticuatro horas, enviaría su cuerpo siete años al futuro.

Los guardias de seguridad encontraron también el dispositivo con el que AdriÔn había manipulado la mÔquina y la grabación donde confesaba su intención.

El experimento fue cancelado.

AdriƔn fue arrestado.

Samuel sobrevivió.

Al salir del laboratorio, preguntó:

—¿Cómo sabĆ­as lo que iba a ocurrir?

Camila miró nuevamente la palabra escrita en su mano.

—No lo sĆ©.

—¿QuiĆ©n es Alba?

Ella sintió una mezcla extraña de amor y tristeza.

—Tampoco lo sĆ©. Pero creo que algĆŗn dĆ­a vamos a conocerla.

Samuel tomó su mano.

Por primera vez, Camila sintió que el futuro estaba exactamente donde debía estar.

Epƭlogo: Veinte aƱos despuƩs

La casa estaba llena de fotografĆ­as.

En algunas aparecƭan Camila y Samuel el dƭa de su boda. En otras, sostenƭan a una bebƩ envuelta en una manta azul.

Una joven de veinte años entró corriendo en la cocina.

Tenƭa los ojos de su madre, el cabello de su padre y un pequeƱo lunar debajo del ojo izquierdo.

—MamĆ”, voy a llegar tarde.

Camila la observó y sonrió.

—Alba, olvidaste tu telĆ©fono.

La muchacha regresó, besó a sus padres y salió nuevamente.

Camila no recordaba los mensajes del futuro, el laboratorio ni la boda que nunca ocurrió. Pero algunas noches soñaba con una habitación azul y una joven que le pedía que no la olvidara.

Samuel la abrazó por detrÔs.

—¿EstĆ”s bien?

—SĆ­. Solo tuve esa sensación otra vez.

—¿CuĆ”l?

Camila miró por la ventana mientras Alba se alejaba.

—Que ya la conocĆ­a antes de que naciera.

Sobre la mesa, el teléfono de Camila se encendió sin que nadie lo tocara.

Apareció un mensaje:

LƍNEA TEMPORAL RESTAURADA.

Camila lo observó confundida.

Una segunda línea apareció debajo:

ALBA REYES VEGA: EXISTENCIA CONFIRMADA.

Camila sonrió y tomó la mano de Samuel.

Entonces apareció un último mensaje:

ADVERTENCIA: EL SUJETO ADRIƁN CONSERVA LOS RECUERDOS.

A varios kilómetros de distancia, las puertas de una prisión se abrieron.

AdriÔn salió llevando una pequeña maleta. Habían pasado veinte años, pero recordaba perfectamente la vida que Camila le había arrebatado.

Miró el reloj y sonrió.

—Esta vez —susurró— no cometerĆ© el mismo error.

FIN

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